CONECTANDO CON EL ESTADO NATURAL

CONECTANDO CON EL ESTADO NATURAL

Alguna vez te has preguntado:

¿Cuál es para ti el estado natural de tu cuerpo?

¿Podrías definirlo?

Solemos identificar como estado natural lo que forma parte de nuestra normalidad.

La interpretación de lo que conforma ese “estado natural” va a venir dada por nuestras propias y exclusivas experiencias. Un estado que se repite o se sostiene durante un periodo prolongado termina por aceptarse como normal y hasta llegamos a incluirlo dentro de lo que consideraríamos nuestro estado natural individual.

Cuando antes de comenzar una sesión de masaje preguntamos sobre cómo se encuentra la persona, cómo está el cuerpo, comúnmente -sobre todo las primeras visitas- la respuesta suele ser más o menos así:

Bien, –seguido de un– normal, –y a continuación– siento molestia aquí o esta zona… etc

Lo cual saca a relucir además de la poca o mucha conexión que podamos tener con el cuerpo, cuál es nuestra interpretación sobre lo que es estar bien – estar mal – y dónde situamos el punto de la normalidad. 

El acto de normalizar una situación tiene sus beneficios y conlleva sus consecuencias. Como todo, al final lo importante va a ser cuánta consciencia hay en ello.

Normalizar es una acción que tiene un poder especial, tiene la capacidad de ensordecer o dicho de otro modo permite que el ruido cese. Lo que hasta ahora se consideraba una situación excepcional –puntual- a la espera inevitable de cambio, pasa a ser una situación que no despierta nuestra atención, que se transforma en un modo más permanente.

Si por ejemplo lo llevamos al cuerpo físico o al emocional podremos comprenderlo sabiendo cómo aquello que duele, pasado un tiempo si no ha seguido su evolución y ha quedado estanco, se habrá acomodado en una nueva forma ensordecida que habremos normalizado.

Normalizar el dolor también nos posibilita avanzar. Esto es una herramienta de gran valor, de pura supervivencia.

El aprendizaje de poder ver de forma limpia el estado en el que se encuentra una persona (mismo de poder mirarnos o mostrarnos) pasa por observar sin analizar, sin llevar juicios, ni prejuicios, un defecto y una virtud puede ser una misma cosa que difiere en interpretación. Como reflexionábamos antes, lo importante es aportar consciencia donde no la hay, llevar luz a la oscuridad.

Cada persona es única, cada cuerpo y la vivencia de cada cuerpo es única; y cada interpretación es única.

Tener la oportunidad de observar con detenimiento a un ser humano, ligero -digamos de equipaje- como es un bebé, nos desvela el estado original del cuerpo, su enorme capacidad de movilidad, de elasticidad y lo que me resulta más relevante, de honestidad en su expresión. Ahí radica la belleza.

La clave para mantener la salud y el bienestar es que ese estado natural se asemeje lo más posible al estado original, lo cual significa mantener vivo su potencial.

Para un bebé el cuerpo es su único medio posible, a través de él busca expresarse, y lo hace de una forma pura, sin filtros, con total sinceridad y descubriendo todas sus armas: de movimiento, de gestos, de sonidos… Los desarrolla al máximo y lo hace tan bien que verdaderamente logra establecer ese lenguaje de comunicación no verbal de manera muy efectiva.

El masaje puede ser un vehículo para volver a descubrirnos, para retomar esa autenticidad de la cual nos hemos alejado y que es en el fondo lo que todos buscamos, nuestro estado natural.

ARTÍCULO ESCRITO POR MARÍA LUCAS PARA LA REVISTA VERDEMENTE, SEPT´2018

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